Estrés postvacacional: cómo llevar mejor la vuelta a la rutina
Volver de las vacaciones y sentir desánimo, irritabilidad o agobio es más común de lo que crees. Te explicamos por qué ocurre el estrés postvacacional y cómo suavizar la vuelta.

Has estado dándole vueltas durante semanas, quizá meses. Buscaste, dudaste, lo dejaste para más adelante. Y por fin has pedido cita. Ahora aparece una mezcla curiosa de alivio y nervios: ¿qué me van a preguntar?, ¿tendré que contarlo todo de golpe?, ¿y si me quedo en blanco? Si estás a punto de acudir a tu primera sesión con el psicólogo, este artículo es para ti. Vamos a desmontar el misterio y a contarte con calma qué puedes esperar de ese primer encuentro y cómo prepararte para aprovecharlo.
Antes de nada, respira. Sentir nervios es lo más normal del mundo: vas a hablar de cosas íntimas con alguien a quien acabas de conocer. Pero lo que te vas a encontrar probablemente sea muy distinto de lo que imaginas.
La primera sesión de terapia se llama en psicología «entrevista inicial» o «sesión de acogida», y tiene un objetivo sencillo: conoceros. Por un lado, el profesional necesita entender qué te trae a consulta, cómo es tu situación y qué te gustaría cambiar. Por otro, y esto se olvida a menudo, es tu oportunidad para conocer a la persona que podría acompañarte y ver si te sientes cómodo con ella.
No es una sesión de examen ni un interrogatorio. Nadie va a juzgarte, a etiquetarte ni a sacar conclusiones apresuradas sobre tu vida. Es, sobre todo, una primera conversación en un espacio seguro y confidencial, donde puedes hablar con libertad de aquello que te preocupa.
Conviene también quitarle presión: no tienes que llegar con las ideas perfectamente ordenadas ni saber exactamente qué te pasa. De hecho, muchas personas acuden precisamente porque no lo tienen claro. Poner orden a todo eso es parte del trabajo que haréis juntos.
Aunque cada profesional tiene su estilo, la mayoría de las primeras sesiones siguen un hilo parecido. Saber más o menos qué esperar ayuda a llegar más tranquilo.
Todo esto ocurre a tu ritmo. Si hay algo de lo que aún no te sientes preparado para hablar, puedes decirlo, y un buen profesional lo respetará. No hace falta vaciarlo todo el primer día.
Muchos de los miedos que rodean a la primera sesión vienen de ideas que hemos visto en películas o de creencias erróneas sobre la terapia. Conviene aclararlas.
No vas a tumbarte en un diván mientras alguien te analiza en silencio. No te van a decir que estás «loco» ni te van a colgar una etiqueta. No te van a dar la solución mágica a tus problemas en cuarenta y cinco minutos, porque la terapia es un proceso, no una receta. Y desde luego, nada de lo que cuentes saldrá de esa sala: la confidencialidad es un pilar fundamental de la profesión y está protegida por el código deontológico.
Tampoco tienes que preocuparte por «hacerlo bien». No hay una forma correcta de estar en terapia. Puedes emocionarte, quedarte en blanco, reírte o llorar. Todo cabe.
Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía y de cuidado hacia uno mismo.
No necesitas una gran preparación, pero unos pequeños gestos pueden ayudarte a llegar más centrado y a aprovechar mejor el encuentro.
Sin guiones rígidos, dedica un rato a pensar qué te ha llevado a pedir cita y qué te gustaría que cambiara. Si te cuesta ordenar las ideas, puedes anotar unos apuntes y llevarlos contigo. No pasa nada si luego la conversación va por otro lado.
Es tu proceso y tienes derecho a preguntar: cómo trabaja el profesional, cada cuánto os veríais, cuánto suele durar la terapia o cualquier cosa que te dé seguridad. Llevar esas preguntas anotadas evita que se te olviden con los nervios.
Ir con prisas o justo de tiempo añade tensión innecesaria. Intenta llegar con unos minutos de antelación para sentarte, respirar y entrar más tranquilo. Si tu sesión es online, busca un espacio privado donde nadie te interrumpa y comprueba antes la conexión.
Puede que te emociones al hablar de ciertos temas, y está bien. También puede que salgas de la sesión con una mezcla de alivio y cansancio: hablar de lo que nos duele moviliza cosas. No te exijas sentirte de una manera concreta.
Es habitual pensar que en la primera sesión hay que resumir la vida entera o poner sobre la mesa hasta el último detalle. No es así. La terapia es un proceso que se despliega sesión a sesión, y hay cosas que irán surgiendo de manera natural cuando estés preparado. Confía en el ritmo: no llegas tarde a nada por reservarte algo para más adelante.
Una duda muy frecuente antes de empezar es cuánto se prolonga todo esto. La respuesta honesta es que depende: de lo que te traiga a consulta, de tus objetivos y de tu propio ritmo. Algunas personas encuentran lo que necesitaban en unas pocas sesiones; otras deciden hacer un trabajo más profundo que lleva más tiempo. En la primera sesión no tiene por qué quedar todo cerrado, pero sí podréis hacer una primera estimación y, sobre todo, decidir juntos cómo seguir.
Lo importante es que la terapia se ajusta a ti, y no al revés. La frecuencia de las sesiones, el enfoque de trabajo y los objetivos son algo que se revisa y se adapta a lo largo del camino. Nada está grabado en piedra desde el primer día.
Uno de los factores que más influye en que la terapia funcione es la relación que se crea entre tú y el profesional. Por eso, además de contar tu historia, en esa primera sesión conviene que prestes atención a cómo te sientes.
Pregúntate si te has sentido escuchado, si has notado respeto y cercanía, si has podido expresarte sin miedo a ser juzgado. No hace falta una conexión perfecta desde el minuto uno, la confianza se construye con el tiempo, pero sí es importante que percibas una base de comodidad y seguridad.
Y algo importante: si tras una o dos sesiones sientes que no encajas con esa persona, tienes todo el derecho a buscar otra opción. No es un fracaso ni una descortesía; es parte de encontrar el acompañamiento adecuado para ti.
A veces esperamos a estar «muy mal» para pedir ayuda, como si hubiera que merecer la terapia con suficiente sufrimiento. No es así. Puede ser buen momento para acudir a una primera sesión si:
No necesitas un motivo «lo bastante grande». Cuidar de tu salud mental es tan legítimo como cuidar de la física, y hacerlo a tiempo, antes de tocar fondo, suele facilitar mucho el camino.
En Metta Psicólogos, en Hortaleza (Madrid) y también en formato online, cuidamos especialmente ese primer encuentro, porque sabemos lo que cuesta dar el paso. Trabajamos con adultos, adolescentes, niños y parejas, y contamos con formación en abordajes como la terapia EMDR para el trauma. Nuestro objetivo desde el primer día es que te sientas acompañado, respetado y en buenas manos.
Tu primera sesión es el comienzo de tu bienestar. Reserva cita con nosotras.
Pedir citaSi estás leyendo esto porque tienes una primera sesión cerca, permíteme recordarte algo: lo más difícil, que es decidirte a pedir ayuda, ya lo has hecho. A partir de ahí, cada sesión es simplemente un espacio para ti, un tiempo dedicado a entenderte y a estar mejor.
No hace falta que llegues con todo resuelto ni con las palabras exactas. Solo tienes que presentarte, tal y como estás, con tus dudas y tus nervios incluidos. El resto lo iréis construyendo juntos, sesión a sesión. Y muy probablemente, al salir de ese primer encuentro, pienses lo que piensan tantas personas: «ojalá lo hubiera hecho antes».
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