Síntomas físicos de la ansiedad: cuando el malestar se siente en el cuerpo
Taquicardia, mareos, tensión, molestias digestivas… La ansiedad no solo está en la cabeza: se vive en el cuerpo. Entiende por qué ocurre y qué hacer para calmarla.

Imagina que un amigo llega hundido tras cometer un error. ¿Le dirías "eres un desastre, no vales para nada"? Seguramente no. Y sin embargo, es justo lo que muchas personas se dicen a sí mismas cada día. Ahí es donde entra la autocompasión: aprender a tratarte con la misma amabilidad con la que tratarías a alguien que quieres.
En Metta Psicólogos vemos cómo la falta de autocompasión está detrás de muchísimo sufrimiento. La buena noticia es que se puede entrenar.
La autocompasión, según la investigadora Kristin Neff, es tratarte con comprensión y cuidado cuando lo pasas mal, en lugar de con crítica. No es:
Hablarte con cuidado en vez de con dureza cuando sufres o te equivocas.
Recordar que el error, el dolor y la imperfección forman parte de ser humano. No estás solo ni eres el único: a todos nos pasa.
Reconocer lo que sientes sin exagerarlo ni negarlo. Ni "no pasa nada" ni "es una catástrofe": solo "esto duele, y está bien reconocerlo".
Tratarte con amabilidad no te vuelve débil ni conformista. Te da una base segura desde la que crecer, porque el cambio nace mejor del cuidado que del castigo.
La autocrítica feroz alimenta la ansiedad, la depresión y el perfeccionismo. La autocompasión, en cambio, se asocia con mayor bienestar, más resiliencia ante las dificultades y relaciones más sanas. Cuando dejas de ser tu peor juez, tienes más energía para vivir.
Si tu diálogo interno es muy duro, si el perfeccionismo o la autoexigencia te agotan, o si te cuesta perdonarte, la terapia es un espacio para aprender a tratarte de otra forma. Muchas veces esa dureza viene de lejos, y comprenderla es el primer paso para soltarla.
Aprender a ser tu aliado, y no tu enemigo, lo cambia todo.
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Taquicardia, mareos, tensión, molestias digestivas… La ansiedad no solo está en la cabeza: se vive en el cuerpo. Entiende por qué ocurre y qué hacer para calmarla.
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Una ruptura duele de verdad, casi como un duelo. Te explicamos por qué se pasa tan mal, las fases que se atraviesan y cómo cuidarte para reconstruirte.
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