Síndrome del impostor: cuando sientes que no mereces tus logros
Crees que tus éxitos son suerte, que en cualquier momento te "descubrirán"… El síndrome del impostor afecta a muchísima gente capaz. Te explicamos qué es y cómo trabajarlo.

Gritas por algo que, visto en frío, no era para tanto. Dices cosas de las que luego te arrepientes. Sientes que la rabia te desborda y que no la controlas tú, sino que te controla ella. La ira es una emoción normal y necesaria —nos avisa de que algo nos parece injusto o de que han cruzado un límite—, pero cuando aparece con demasiada frecuencia o intensidad, puede dañar tus relaciones, tu trabajo y tu propia tranquilidad.
La buena noticia es que gestionar la ira no consiste en reprimirla ni en "no enfadarse nunca", sino en aprender a expresarla de una forma que no te perjudique.
Detrás de la ira casi siempre hay otra emoción: miedo, dolor, frustración, cansancio o la sensación de no ser tenido en cuenta. La rabia es la capa más visible, pero rara vez es la única. Por eso, gran parte del trabajo consiste en mirar qué hay debajo.
También influyen el estrés acumulado, la falta de descanso y ciertos patrones aprendidos: si crecimos viendo que la única forma de hacerse oír era levantar la voz, es probable que repitamos ese esquema sin darnos cuenta.
La ira no aparece de golpe: tiene una fase previa (tensión en el cuerpo, pensamientos del tipo "esto es intolerable"). Aprender a reconocer esas primeras señales te da margen para actuar antes de estallar.
Cuando notes que subes, retírate unos minutos. Respirar despacio, alargando la exhalación, o salir a caminar baja la activación fisiológica. No es huir: es darte tiempo para responder en lugar de reaccionar.
En vez de "eres un desastre, nunca ayudas", prueba con "me siento sobrepasada y necesito que repartamos las tareas". Hablar desde el "yo" expresa lo que sientes sin atacar, y es mucho más probable que te escuchen.
Gran parte de la ira la alimentan interpretaciones: "lo ha hecho a propósito", "me está faltando al respeto". Pregúntate si hay otras explicaciones posibles. Muchas veces la historia que nos contamos es más dura que la realidad.
La ira bien gestionada no se calla: se expresa a tiempo y con respeto, antes de convertirse en explosión.
Si la ira te está costando relaciones, problemas en el trabajo o un malestar continuo, o si sientes que no puedes controlarla por ti mismo, la terapia ayuda mucho. En consulta trabajamos las causas que hay debajo, las situaciones que te disparan y herramientas concretas para gestionar la rabia de forma sana.
Pide cita con nuestro equipo
Pedir citaSigue leyendo
Crees que tus éxitos son suerte, que en cualquier momento te "descubrirán"… El síndrome del impostor afecta a muchísima gente capaz. Te explicamos qué es y cómo trabajarlo.
Volver de las vacaciones y sentir desánimo, irritabilidad o agobio es más común de lo que crees. Te explicamos por qué ocurre el estrés postvacacional y cómo suavizar la vuelta.
El ghosting se ha convertido en un fenómeno cada vez más común en las relaciones interpersonales en la era digital. Este término, que proviene del inglés «ghost» (fantasma),…
Reserva tu consulta
¿Damos el primer paso juntos?
Profesionales pero muy cercanos. Te respondemos en menos de 24 h en días hábiles.