Estrés postvacacional: cómo llevar mejor la vuelta a la rutina
Volver de las vacaciones y sentir desánimo, irritabilidad o agobio es más común de lo que crees. Te explicamos por qué ocurre el estrés postvacacional y cómo suavizar la vuelta.

La rabia que te sube por el pecho cuando algo te parece injusto. La tristeza que te deja sin ganas de nada. El miedo que te paraliza antes de una decisión importante. Todos convivimos con emociones que resultan incómodas y que, muchas veces, no sabemos muy bien qué hacer con ellas. Aprender a gestionar las emociones difíciles no significa dejar de sentirlas, sino cambiar la relación que tienes con ellas. En este artículo te explicamos por qué no existen emociones buenas ni malas y te damos claves concretas para regular la rabia, la tristeza o el miedo sin que te desborden.
Una de las ideas más útiles que puedes interiorizar es esta: todas las emociones tienen una función. La solemos dividir en "positivas" y "negativas", pero esa clasificación es engañosa. Sería más exacto hablar de emociones agradables y desagradables, porque incluso las que menos nos gustan cumplen un papel importante.
Piensa en para qué sirven algunas de ellas:
El problema no son las emociones en sí, sino lo que hacemos con ellas: reprimirlas, negarlas o dejar que nos arrastren. Cuando entiendes que una emoción difícil es un mensajero y no un enemigo, tu forma de vivirla empieza a cambiar.
Si gestionar las emociones fuese fácil, no le dedicaríamos tantos libros ni tantas horas de terapia. Hay varias razones por las que se nos atraganta.
La primera es educativa. A muchos nos enseñaron de pequeños que ciertas emociones "no se deben" sentir: "no llores", "no te enfades", "no tengas miedo". Así aprendimos a taparlas en lugar de a comprenderlas. La segunda es fisiológica: cuando una emoción es muy intensa, activa la parte más primitiva de nuestro cerebro y nos cuesta pensar con claridad. En ese estado reaccionamos en piloto automático.
Y hay una tercera razón: solemos confundir sentir una emoción con actuar según ella. Sentir rabia no significa gritar, y sentir miedo no significa huir. Entre la emoción y la conducta hay un espacio, y aprender a habitarlo es justo de lo que trata la regulación emocional.
Regular las emociones no consiste en controlarlas a la fuerza ni en eliminarlas, porque eso ni se puede ni sería sano. Consiste en aprender a reconocerlas, permitirte sentirlas y decidir qué haces con ellas de una forma que te acerque a lo que de verdad te importa.
Una buena regulación emocional no te convierte en alguien que nunca se enfada ni se entristece. Te convierte en alguien que puede enfadarse sin romper nada importante, entristecerse sin hundirse del todo y tener miedo sin dejar que decida por ti. Es, en el fondo, una habilidad que se entrena, no un rasgo con el que se nace.
No existe una fórmula mágica, pero sí una serie de pasos que funcionan y que puedes empezar a practicar desde hoy. Piénsalos como un pequeño mapa para cuando una emoción intensa aparezca.
No siempre saldrá perfecto, y no pasa nada. La gestión emocional se parece más a un aprendizaje continuo que a un examen que hay que aprobar.
Cuando notes que una emoción difícil te está subiendo, prueba esta secuencia sencilla. Primero, para lo que estés haciendo durante unos segundos. Segundo, pon una mano en el pecho o en el abdomen y haz tres respiraciones lentas, alargando la exhalación. Tercero, dite a ti mismo qué estás sintiendo, sin juzgarte: "estoy sintiendo frustración y es comprensible". Cuarto, pregúntate: "¿qué es lo más sabio que puedo hacer ahora?". Este pequeño ritual introduce una pausa entre lo que sientes y lo que haces, y en esa pausa está tu libertad.
En el intento de manejar lo que sentimos, es fácil caer en algunas trampas. Reconocerlas te ayudará a no quedarte atrapado en ellas.
Sentir emociones intensas es normal y forma parte de la vida. Pero hay momentos en los que gestionarlas nos supera y conviene buscar apoyo profesional. Presta atención si te reconoces en algo de esto:
En Metta Psicólogos trabajamos la gestión emocional como una de las bases del bienestar. Te ayudamos a comprender tus emociones, a entender qué hay detrás de ellas y a desarrollar herramientas concretas para regularlas en tu día a día. Cuando el malestar hunde sus raíces en experiencias dolorosas del pasado, contamos también con la terapia EMDR, especialmente eficaz para procesar esos recuerdos que siguen pesando. Atendemos a adultos, adolescentes, niños y parejas, de forma presencial en Hortaleza (Madrid) y online.
La gestión emocional se entrena. En terapia te damos las herramientas para lograrlo.
Pedir citaEstas son algunas de las dudas que surgen con más frecuencia cuando empezamos a trabajar nuestras emociones.
Reprimir de forma habitual no es sano, porque la emoción que no se procesa tiende a acumularse y a salir por otro lado: en forma de tensión, de malestar físico o de reacciones desproporcionadas. Otra cosa distinta es aplazar de manera consciente la expresión de una emoción hasta un momento más adecuado, lo cual sí puede ser útil.
Regular implica sentir la emoción, darle espacio y decidir con calma qué haces con ella. Evitar es hacer lo posible por no sentirla: distraerte, taparla o negarla. La clave está en si te permites contactar con lo que sientes o si huyes de ello.
Las emociones no siempre responden a lo que ocurre en el presente. A veces una situación cotidiana activa un malestar antiguo que llevábamos dentro. Cuando esto pasa con frecuencia, suele ayudar explorar en terapia qué hay debajo de esas reacciones.
Por supuesto. No es un rasgo fijo, sino una habilidad que se entrena a cualquier edad. Con práctica y, si hace falta, acompañamiento profesional, cualquier persona puede aprender a relacionarse mejor con lo que siente.
Aprender a gestionar las emociones difíciles no te convertirá en alguien que nunca sufre, porque el malestar forma parte de la experiencia humana tanto como la alegría. Lo que sí puede cambiar es tu relación con lo que sientes: pasar de temer tus emociones a escucharlas, de luchar contra ellas a comprenderlas.
Cada vez que en lugar de reaccionar en automático te das un instante para respirar, nombrar lo que sientes y elegir tu respuesta, estás fortaleciendo una habilidad que te acompañará toda la vida. No tienes que hacerlo perfecto ni hacerlo solo. Con práctica, paciencia y el acompañamiento adecuado, tus emociones pueden dejar de ser un problema para convertirse en una brújula.
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