Terapia familiar: cuándo acudir y cómo puede ayudaros
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Has oído que la terapia EMDR va muy bien para el trauma y has empezado a considerarla. Pero antes de dar el paso, casi todo el mundo se hace las dos mismas preguntas: "¿cuántas sesiones voy a necesitar?" y "¿qué se siente exactamente ahí dentro? ¿De verdad funciona mover los ojos?". Son preguntas muy razonables y merecen una respuesta honesta.
Cuando vivimos algo demasiado intenso o abrumador, el cerebro a veces no consigue digerir ese recuerdo del todo. En lugar de archivarse como algo que ya pasó, queda almacenado en bruto, con todas sus imágenes, emociones y sensaciones corporales a flor de piel, listo para activarse ante cualquier recordatorio. El EMDR ayuda al cerebro a reprocesar ese recuerdo atascado para que, sin olvidarlo, deje de doler como si estuviera ocurriendo ahora.
Esta es, quizá, la parte que más tranquiliza cuando se conoce. Una sesión de EMDR no es un salto al vacío. El proceso está muy estructurado:
Conviene aclararlo: el EMDR no es hipnosis. Estás despierta, consciente y al mando en todo momento, y puedes parar cuando lo necesites. Durante el reprocesamiento es normal que afloren emociones o que el cuerpo reaccione, porque estamos tocando material sensible. Pero lo que la mayoría de las personas describe al terminar de trabajar un recuerdo es una sensación de distancia: sigue ahí, pero ha perdido fuerza, como si por fin perteneciera al pasado.
Lo de los movimientos oculares, que al principio suena extraño, tiene una explicación. Esa estimulación alternando los dos lados parece ayudar al cerebro a conectar y procesar la información, de un modo no muy distinto a lo que ocurre de forma natural durante la fase del sueño en la que soñamos.
Aquí no hay un número mágico, y conviene desconfiar de quien te lo prometa. Depende sobre todo de una cosa: de qué tipo de trauma estamos hablando.
A esto hay que sumar las primeras sesiones de evaluación y preparación, que no son un trámite. Son, precisamente, las que hacen que el reprocesamiento posterior sea seguro y eficaz.
Dos personas con una historia parecida pueden necesitar recorridos muy distintos. Influyen factores como:
Por eso, en lugar de prometerte una cifra, lo honesto es revisar juntas cómo avanza el proceso e ir ajustándolo a ti.
Aunque nació para el trastorno de estrés postraumático, hoy el EMDR se utiliza con buenos resultados en muchas más situaciones en las que hay recuerdos o experiencias dolorosas en la base: duelos complicados, fobias, ciertos cuadros de ansiedad o el impacto de experiencias vitales difíciles que siguen condicionando el presente.
No se trata de borrar lo que viviste. Se trata de que puedas recordarlo sin que te siga haciendo daño.
Puede ser un buen momento para consultar si notas que hay algo del pasado que sigue activándose en tu presente: recuerdos que vuelven sin avisar, reacciones desproporcionadas ante ciertos estímulos, pesadillas, o la sensación de estar en alerta sin un motivo actual que lo justifique.
Lo primero nunca es empezar a reprocesar. Es una valoración tranquila en la que te contamos si el EMDR es adecuado para tu caso y cómo sería tu proceso en concreto.
Si quieres saber si la terapia EMDR encaja con lo que te ocurre, pide una primera valoración sin compromiso.
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