Volver al blog
Hay personas que viven con la sensación de que algo malo va a pasar, aunque no haya un motivo concreto. Se preocupan por la salud, por el trabajo, por el dinero, por los hijos, por lo que aún no ha ocurrido. La mente salta de una inquietud a otra y cuesta muchísimo "desconectar". Cuando esa preocupación es excesiva, difícil de controlar y se mantiene durante meses, puede tratarse de un trastorno de ansiedad generalizada (TAG).
No es "ser muy nervioso" ni "preocuparse demasiado": es un patrón que desgasta y que merece ayuda.
Qué es el TAG
El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por una preocupación constante y desproporcionada sobre múltiples aspectos de la vida, que la persona siente que no puede controlar. A diferencia de un miedo puntual, aquí la inquietud es difusa y casi permanente: siempre hay algo de lo que preocuparse.
Síntomas habituales
La ansiedad no solo está en la cabeza; también se nota en el cuerpo:
- Preocupación excesiva la mayor parte de los días.
- Dificultad para concentrarse o quedarse "en blanco".
- Tensión muscular, dolores de cabeza o de estómago.
- Inquietud, sensación de estar "al límite".
- Irritabilidad y cansancio fácil.
- Problemas de sueño: cuesta dormir o te despiertas dándole vueltas a todo.
Por qué aparece
No hay una única causa. Suelen combinarse factores biológicos (una tendencia a la activación), aprendidos (haber crecido en un entorno inseguro o muy exigente) y vitales (etapas de mucho estrés o incertidumbre). La preocupación, además, se autoalimenta: anticipar lo peor da una falsa sensación de control, así que la mente repite el patrón.
Cómo se trata
La buena noticia es que el TAG responde muy bien a la terapia psicológica. En consulta trabajamos, entre otras cosas:
- Identificar y cuestionar los pensamientos catastróficos.
- Herramientas para regular la activación del cuerpo (respiración, relajación).
- Reducir las conductas de evitación y de comprobación que mantienen la ansiedad.
- Tolerar la incertidumbre, que está en el centro de la preocupación.
Si la ansiedad está muy arraigada o conecta con experiencias pasadas, abordajes como la terapia EMDR pueden ayudar a procesar lo que la alimenta.
No se trata de dejar de preocuparse por arte de magia, sino de que la preocupación deje de gobernar tu vida.
Da el primer paso
Si te reconoces en esta descripción, no tienes por qué resignarte a vivir en alerta. En Metta Psicólogos somos especialistas en ansiedad y te acompañamos con herramientas que funcionan y a tu ritmo.